Hay una tendencia en los que tienen autoridad por la cual se imaginan que no necesitan escuchar el consejo de otros. Frecuentemente esto ha sido causa de graves errores en el pasado.
La Iglesia ha dicho claramente que todos los fieles, y en particular los teólogos, tienen el deber de hacer oír su voz con sus objeciones, en los temas en los que tienen conocimiento o experiencia.
“Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habidacuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.” | ![]() La libertad de expresar la propia opinión, es factor y elemento necesario en la formación de la opinión pública. Y así ocurre que las opiniones expresadas públicamente revelan a los demás el estado de espíritu y el criterio de importantes grupos, en un determinado contexto de lugar, tiempo y costumbres.”
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“¡¿Y entonces que decimos de la obediencia ciega?!”
traducida por
Ana Maria Arquer
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